Hace solo 11 meses te vi llegar y sin pretender nada de ti fue pasando el tiempo. Eres fresco y sumiso, pienso que al crecer serás un hombre íntegro…
Nunca pensaste en mí, estoy segura, ya que no desviaste tu mirada hacia mis ojos jamás desde que te conozco. Aun mantengo la esperanza de que te detengas a observarme.
Desde aquí puedo ver el jardín donde tomas el té luego de estudiar, pero hoy es diferente, pasaron las tres y no estás allí. Luego de un rato comienzo a pensar que no volveré a verte. Mi corazón está muy triste pero no puedo hacer nada.
La primavera dio paso al invierno tan rápidamente para los demás en la casa, pero yo no puedo sentir nada, desde que te marchaste no soy la misma. Guardo tus ojos en mi memoria al igual que esa voz que solo escasas veces me dejaste apreciar.
Si supieras cuanto me gustaba verte entrar y sentarte frente a mi cada mañana. Estoy allí desde que tus abuelos llegaron a la casa, aun así nunca nadie me miró. Mis sentimientos eran tan duros como los tuyos hasta que apareciste y descubrí que había algo dentro de mí que comenzaba a latir con mayor pasión.
Paso largo tiempo desde que partiste, ya nadie entra al cuarto. Me siento tan sola como al comienzo y creo que pronto volveré a estar fría… Ya me envolvió la oscuridad.
La primavera regresó. De repente veo un haz de luz entrar por la puerta, me emociono por saber que alguien viene a verme después de tanto tiempo. Tu rostro maduro me llena de alegría, te ves muy distinto e igual de bello. Pero como siempre me ignoras, solo vienes por tus libros viejos.
La noche fue larga para mí, volví a ver la luna nocturna y la ansiedad me mantuvo despierta. Cuando los rayos del sol golpearon la ventana supe que era hora, volverías a entrar. No me equivoqué… Me sentí feliz y luego lo noté, me observabas en silencio… Por primera vez me mirabas. Comenzaste a acercarte y me creí morir, fue como un sueño para mí.
El abuelo había entrado, extendiéndote una taza de té a la vez que miraba el lugar como si no lo recordara. Ibas a hablarle cuando te invitó a salir, estoy segura de que fueron a su escritorio para estar más cómodos. Esa noche hizo realmente mucho frío.
La mañana siguiente estuve sola, pues no apareciste por allí, eso me desilusionó pero mantuve la fe. Por la tarde creí que ya no vendrías, pero el ruido de la puerta me anunció tu llegada. Junto a ti, un hombre de poca facha cargaba una gran caja, nada entendía yo de esta situación.
Me miraste fijo… Pero al volver hacia tu acompañante me señalaste con certeza. Por fin lo comprendí. Un enorme dolor recorrió mi cuerpo, mi sangre se heló y a la par se detuvo mi corazón. El hombre avanzó lentamente hacia mí. Quise gritar pero no pude, sentí ganas de llorar pero no pude, no lo entendía, ¿por qué? si yo te amaba.
Jamás me habías visto… ¿Por qué creí que sentirías lo mismo? Me encontré sola, desilusionada, sin saber qué hacer, mientras aquel hombre sostenía mi cintura y me levantaba con suavidad… ¡Aquí estoy! Aunque nunca lo notes. Esta soy… una muñeca de porcelana… quizás por eso no me comprendes.