24 de mayo de 2013

Hidden Instincts (una ira a flor de piel)


Cuando la ira se convierte en ideología y la violencia en un hábito, cuando los problemas aumentan y se adhieren a tu alma, cuando los sentimientos sobrepasan a la razón y la única solución es saciar el deseo de venganza.
Cuatro chicas buscan la satisfacción en una nueva sociedad orientada a la maldad.
Situaciones cotidianas que se vuelven insoportables, dolores incontenibles que dejan grietas en el corazón, burlas y agresiones cada vez más severas provocan que estas amigas comiencen a perder la paciencia, que comiencen a ser, con el tiempo, mucho más irritables.
De a poco aquellos con los que compartían salones de clases, esos a quienes conocían hace ya tiempo, los que muchas veces fueron más amigos que compañeros hoy se volvían una gran carga para ellas; sin darse cuenta los sentían como una molestia de la que debían deshacerse para poder descansar. Dentro suyo algo cambiaba, sin quererlo algo se apoderaba de su ser y no las dejaba ver con claridad.
El grupo era muy unido y, a pesar de ello, no quisieron comentar el tema con las demás sin saber, claro, que a todas les sucedía lo mismo. Con el tiempo la farsa se tornó insostenible, los gestos se hacían muy evidentes y podían notarse en sus rostros aquellos impulsos de violencia que surgían desde lo más profundo. Ya no pudieron disimularlo más.
En reiteradas ocasiones lo discutieron intentando descubrir la causa de tales pensamientos nuevos hasta el momento, pero la repetición de sus actitudes de ira las convencieron de que no era algo tan extraño, sino más bien normal, y cada vez lo asimilaban más como propio. ¿Quién hubiera pensado que dentro de esas cabecitas inocentes se podían forjar tales inventivas?
En un abrir y cerrar de ojos lo que antes eran simples impulsos provocados por alguna situación ahora era una especie de rutina cada vez que entraban al salón; día tras día las amigas se sentaban en sus lugares y comenzaban un charla (que ya era casi un ritual) en la que se encargaban de defenestrar uno por uno a sus compañeros. Cada acotación hecha en voz alta o cualquier acción que alguno realizara era presa fácil para las tantas críticas que se deleitaban en llevar a cabo. Ya comenzaban a disfrutarlo demasiado.
Sus vidas, como la de todos, estaban llenas de problemas. Un hecho puntual, por más mínimo que fuera ellas lo volvían un mundo, y de ese extremismo terminaba por surgir una maldad todavía oculta. Casi inconscientemente sus charlas sobre el tema tomaron un rumbo más específico: ya no solo se trataba de rechazar a los demás sino que ahora los odiaban en todo sentido y se entusiasmaban comentando formas originales y estratégicas de deshacerse de esas personas.
El tiempo transcurría formando lentamente un monstruo de cuatro femeninas cabezas, cabezas muy ingeniosas, rebuscadas y corrompidas.
Los desencadenantes se multiplicaban. El colegio era una total pesadilla, las exigencias de las familias se tornaban excesivas y un nuevo factor se hacía presente: "ellos", esos especímenes que lograban enloquecerlas, una raza conocida pero a la vez imposible de descifrar, personas que estas amigas llamaban como a bestias, como si no fueran similares a ellas mismas. Un conjunto misterioso de criaturas dedicadas a la tortura, a los engaños, a provocar un inmenso dolor e infundir la confusión en sus víctimas. Un grupo destructivo: los hombres.
Poco a poco fueron “ellos” quienes pudieron des estabilizarlas, las cuatro amigas se volvían débiles a sus ataques pero esa misma fragilidad se consolidaba muy en el fondo de su cuerpo, se contenía en una gran furia a punto de estallar.
Una de ellas era la más romántica, una idealista viviendo en una realidad cruel, no había lugar en este mundo frío para su dulzura y su armonioso cariño. Sin duda sus creencias en los cuentos de hadas no harían más que chocarla contra la vida, debería olvidarse de sus sueños y abrir los ojos para comprender que no existe el príncipe azul de sus fantasías.
Otra era una especie de novata de la vida, que siempre había sido como debía pero jamás había salido del capullo a ver qué maravillas tenía el mundo para darle. Con el tiempo floreció y se encontraba ya en contacto con el afuera, pero todavía era un ser delicado y las atrocidades del mundo la golpeaban doblemente, dejándola confundida e indefensa.
También había una experimentada que sabía mucho más que las demás y se defendía mucho mejor. Desde siempre era la más desenvuelta y solía ser la que enseñaba, de algún modo, a sus amigas. Sin embargo tenía algo, un defecto, como todos… más que un defecto una debilidad que rompía por completo su coraza, ese duro caparazón con que estaba cubierta y se quedaba así, sublime y desprotegida, vulnerable a los hechizos de aquellos brujos que sólo se divertían con ella.
Y finalmente estaba la curiosa, alguien que conocía muy poco de lo mucho que tenía para descubrir. Dejando atrás los miedos y las dudas se colgó al hombro sus expectativas y se dispuso a investigar todo aquello que hasta entonces había sido inexplorable. No vaciló ni un segundo y cuando descubrió cosas nuevas quedó asombrada, tanto que se perdió en la fascinación y se olvidó de la cordura que tenía. Hizo y deshizo a su antojo pero cuando pudo despertar de su felicidad se sintió extraña, como metida en un hábitat desconocido.
Todas ellas amenazadas decidieron cambiar sus destinos, empezando por su actitud. Dejaron a las pasivas de lado y se entregaron por completo a pensamientos peligrosos, llevadas del brazo por el dolor se hundieron en un nuevo enfoque ideológico.
Sorpresivamente la más inocente fue la portadora de semejantes cambios, siendo la más golpeada, tan frágil a las agresiones creó dentro de sí una fiera inmensa que deseaba surgir y mostrarse al mundo. Una noche, ya incontenible, esa bestia dio su señal de vida. En la madrugada se filtró hecha sueño y con una creatividad inimaginable despertó la atención de aquel cuerpo donde se hospedaba. Exactamente a las 5.30, hora matinal, ella lo supo por fin: eso que vivía entre su piel crecería y se haría más fuerte, podía luchar contra él o dejarlo quedarse. No lo dudó ni por un momento, lo aceptó como a un hijo y regresó a dormir.
El grupo notó cierto destello en sus ojos, algo extraño le sucedía, su amiga definitivamente no era la misma. Sintieron en su voz una tranquilidad desconocida, ya no se trataba de la pequeña dubitativa que recurría a los consejos de otros para sentirse mejor. Esta vez hablaba con la solidez de una persona impenetrable.
Sin perder un segundo de su valioso tiempo las reunió en un rincón alejado del patio trasero de la institución, allí les comentó sin dar vueltas el episodio vivido la noche anterior. Les dijo con detalles como era la sensación que tenía luego de ello, lo gratificante que habían sido sus sueños luego de asimilar esta nueva esencia, lo simple que parecía todo ahora, la seguridad que encontró y con ese humilde discurso de adornos finísimos a algo nada bello logró insertar en las demás una curiosidad imposible de manejar, un deseo de saber y sentir lo mismo que las llevó al comienzo de su propio final.
Así, al día siguiente, todas llegaron iguales a los ojos de sus compañeros pero por dentro algo había cambiado. Se sentaron donde siempre pero en silencio, se observaron detenidamente durante cierto rato, se notaba en ellas un nerviosismo como si fuese la primera vez que iban a hablarse, algo era claro: ninguna quería ser la primera. De pronto resonó en el aula una frase, una de esas críticas a la nada misma que solían hacer sus compañeros antes de que algo pase, por la simple satisfacción de quejarse. Eso, casualmente, era una de las cosas que más molestaban a estas amigas, un punto de ira común que no sólo unificó las cuatro miradas sino que lanzó al unísono las respectivas carcajadas (un tanto maléficas, vale aclarar) que dejaron atrás las vacilaciones y dieron paso al peor de los diálogos.
Durante una semana completa se juntaron luego de las clases como cualquier grupo de chicas lo haría, con la excepción de que ellas no eran como otras chicas de su edad, no se interesaban en las revistas de moda, o en pintarse las uñas entre sí, estas chicas tenían un pasatiempo muy diferente y peligroso. En sus reuniones conversaban sobre las personas pero de la manera más vil existente, se regocijaban de pensar en sus sufrimientos y se divertían imaginando una y otra vez los desenlaces fatales de sus víctimas. Sin embargo esto, como toda rutina se volvió aburrido y se propusieron como tarea común a todas, pensar en algo mejor que hacer con su irremediable furia.
Seguramente la coincidencia más cruel fue que a todas se les ocurriera lo mismo, más aun sabiendo que sus ideas se cumplían.
Una noche de viernes decidieron verse para dar comienzo a su nueva etapa, llevaron velas con el propósito de dar un clima más apropiado con lo que pretendían hacer, también algunas golosinas y ropa común para no despertar sospechas. Tenían ideas terroríficas, todas valederas, así que decidieron organizarse mejor: juntas comenzaron a escribir, volcaron todas sus teorías en un cuaderno usado, cada plan destinado a una persona en especial y siempre inventando diferentes métodos según quién fuese la víctima. Les pusieron un orden de importancia y se dedicaron durante semanas a retocar los detalles para que todo fuese perfecto, nada podía salir mal.
El tiempo transcurría lenta pero intensamente y por fin llego el día en que todo estuvo listo, ya no había razones para postergar los hechos. Estas amigas, ahora más unidas que nunca, deseaban sentirse plenas de una vez y no les temblaban las manos si se trababa de actuar siguiendo sus ideales.
El orden era lógico: comenzaba con lo menos importante y culminaba con lo mejor, para que el goce fuera progresivo a sus acciones.
Cierta tarde de domingo las amigas se encontraron en una plaza, una de ellas llevaba en su bolso aquel libro que habían escrito con tanta dedicación. Se formaron en círculo para que nadie pudiera ver lo que estaban haciendo y todas juntas leyeron la primera página, cuando finalizaron se sonrieron mutuamente y sin más que decir se despidieron caminando cada una en distintas direcciones.
La mañana siguiente todas despertaron con un increíble humor, se alistaron para el colegio y con expresiones de alegría salieron de sus hogares. Llegaron muy temprano como siempre lo hacían y se sentaron en sus lugares sin pronunciar palabra, al momento de comenzar la clase el director se hizo presente en el salón para comunicar una triste noticia: una de sus compañeras había sido asesinada, según sabían sus padres llamaron a la policía al ver que no regresaba de practicar deportes, finalmente los oficiales la encontraron dentro de un club, tirada boca arriba y con los labios cosidos entre sí, en su brazo derecho llevaba pegado un trozo de papel con la frase “ahora no podrás criticar nunca más”. No había huellas ni rastros posibles, la hoja había sido impresa de una computadora por lo que no podían reconocer letras, los padres no sabían de enemigos ni peleas recientes, simplemente no había sospechoso alguno.
Todo el curso permanecía en silencio, atónitos por la terrible noticia que recibían, se cruzaban miradas de desconcierto y suspiros de nervios, algunos más allegados dejaron caer varias lágrimas, el aire del lugar podía cortarse con una tijera si se quisiese. Luego de un momento el director abandonó aquella aula dejando atrás miles de preguntas y dudas, el profesor correspondiente se sentó y permitió que por unos minutos todos asimilaran lo sucedido. Las cuatro amigas se mantenían como al inicio, muy calladas y quietas, con la vista perdida en algún pensamiento… ese fue, entonces, el primer capítulo de su historia.
Los días que siguieron al asesinato fueron muy extraños para todos en la escuela, muchos estudiantes tenían miedo, otros tantos seguían negando lo ocurrido y el resto sólo se lamentaba por la pobre chica y su familia. Las amigas se mostraban igual que el todos pero en el fondo sabían que tenían ganas de reir, no existía arrepentimiento ni culpa de su parte, sentían más que nunca que comenzaba su libertad. Pero para alcanzar la felicidad que tanto deseaban tenían que seguir avanzando, no podían echarse atrás ni querían hacerlo. Esperaron un tiempo prudente para que las cosas sucedan en armonía.
Con un mes y tres semanas transcurridos llegó la hora de pasar al segundo acto de la obra. Lo que para ellas era una comedia se volvería pronto una gran tragedia sin que siquiera lo notaran. Esta vez las cosas ocurrieron al amanecer. El cuerpo de otra joven fue hallado en las afueras de la ciudad, estaba en el suelo rodeada de distintas botellas de alcohol, presentaba marcas de golpes y en su cabeza llevaba puesta una bincha con cuernos, esta también tenía una nota sólo que el mensaje no era el mismo: “al final recibiste lo que dabas” decía. Este nuevo crimen despertó el terror en toda la ciudad, no podía ser casual que ambas víctimas compartieran un salón de clases en el mismo colegio, seguramente era alguien que conocía el establecimiento y a sus alumnos.
Por varios días se suspendieron las clases, todos se mantenían dentro de sus casas y el ambiente general era de pánico a un nuevo ataque. Poco a poco y con sumo cuidado completaron hasta seis o siete capítulos de esa gran historia que las tenía cegadas, nadie sospechaba de ellas pero los interrogantes se multiplicaban. Había búsquedas todo el tiempo, prevenciones por radio, policías en cada una de las esquinas, todas las casas tenían alarmas y una vez por semana interrogaban por grupos de personas. Todo era peligroso para ellas y no necesitaban exponerse, decidieron inteligentemente descansar por un tiempo.
Horas, días, semanas y meses conformaron un año. Pasado el verano era tiempo de volver a clases, las cosas se habían calmado mucho después de comprobar que los peligros ya no asechaban y las personas volvían a sonreír. Las cuatro amigas comenzaron sin problemas, esperaban los gritos y quejas usuales de su curso pero llamativamente las cosas no se dieron de esa forma. Sin duda los hechos del año anterior habían cambiado a todos, ahora sus compañeros se llevaban bien y rara vez protestaban. En cuanto a ellas, lo sucedido las había convertido, las estaba arrastrando a la locura y a pesar de que las cosas iban bien sentían la necesidad de terminar lo que habían comenzado.
Poco tiempo pasó hasta que los problemas amorosos aparecieron en sus vidas y las amigas vieron en ellos la excusa perfecta para volver a su antiguo pasatiempo. Hacía mucho comprimían dentro de sí la ira y la bronca que sentían, por eso sus deseos de vengarse eran mayores. En tan sólo una semana recobraron su ser interior, lo más profundo volvió a salir a la superficie de su piel y de allí directamente al exterior manifestado en situaciones atroces que terminaron por deshacerse de cada uno de esos chicos que les quitaban el sueño. Esta vez los métodos eran más retorcidos, disfrutaban cada golpe y cada dolor del otro, se sentían reinas de su destino al acabar con todo el que interfería en su camino. Todas estaban fuera de control y nada las conformaba, siempre querían un poquito más de sangre y sufrimiento para sentirse plenas.
Cuando por fin llegó el sábado, todos en la ciudad habían regresado a su temor pasado y alguien del colegio decidió que no quería terminar como muchos otros adolescentes: sin vida. En ese instante comenzó a observar todo y a todos en su entorno, tratando de encontrar un posible culpable. Los oscuros secretos de las amigas se veían amenazados pero ellas no estaban enteradas en absoluto.
Fue finalmente una noche que se encontraban reunidas en una de las casas cuando pronunciaron sus últimas palabras sobre el tema… La mañana siguiente fue tranquila para todos. Aquel cuaderno que contenía toda la maldad, la ira y la venganza de cuatro chicas fue liberado de lo negativo en el mismo fuego que ardieron las almas de esas inconscientes poseídas por sus impulsos.


30 de abril de 2013

Inspiración plagiada

Alguien me dijo que el tiempo es para siempre,

sea eso algo bueno o malo.

Y alguien me dijo que el amor es para siempre,

que nos acompaña incluso en los peores momentos,

que nunca nos deja solos

y no se rinde o quiebra ante los obstáculos.

Alguien me dijo también que los cambios llevan tiempo,

más de lo que se puede pensar,

que son eternos si hay que esperarlos

pero se pasan pronto cuando están acompañados.

Me dijo además que sola quizás no lo logre

Pero que con apoyo cualquier piedra se vuelve pequeña.

Me dijo que los miedos son los peores enemigos

excepto cuando alguien te ayuda a espantarlos.

8 de febrero de 2013



Love you more, than those 

bitches before, 

Say you´ll remember, oh baby, say you´ll remember 



I will love you till the end of time

7 de febrero de 2013


Ahora todo es diferente, cambió.
Los amados van a ser odiados.
Con mover solo una pieza del tablero podemos alterar todo el juego.



Y cuando hay que acostumbrarse a lo que no queremos acostumbrarnos?
Acostumbrarse a callar lo que realmente queremos decir o reprimir actos que necesitan manifestarse.
Acostumbrarse a la fuerza, escondiendo esas extrañas sensaciones, frenando en la garganta ese nudo, cerrando los ojos para evitar ver lo que esta frente a ellos.
Acostumbrarse o más bien resignarse, ser consciente de lo que se puede y no se puede hacer a pesar de los deseos. 
Dejar de escuchar cuando los ruidos se vuelven ensordecedores al punto de hacerte llorar.
Y simplemente hundirte para olvidar...