7 de febrero de 2013


Y cuando hay que acostumbrarse a lo que no queremos acostumbrarnos?
Acostumbrarse a callar lo que realmente queremos decir o reprimir actos que necesitan manifestarse.
Acostumbrarse a la fuerza, escondiendo esas extrañas sensaciones, frenando en la garganta ese nudo, cerrando los ojos para evitar ver lo que esta frente a ellos.
Acostumbrarse o más bien resignarse, ser consciente de lo que se puede y no se puede hacer a pesar de los deseos. 
Dejar de escuchar cuando los ruidos se vuelven ensordecedores al punto de hacerte llorar.
Y simplemente hundirte para olvidar... 

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